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Desde la cárcel el futuro es incierto

reportera de Adelante
traducido por Romina Güeli

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Líderes de la comunidad, familiares y amigos de los detenidos, los describen como individuos amigables y trabajadores que cruzaron la frontera ilegalmente, y que llegaron a la región de los Ozarks buscando un trabajo que les permitiera mantener a sus familias, que habían dejado en México. En un esfuerzo por darle identidad a las estadísticas, he aquí tres retratos.

Agustina Ambrocio-Almaráz
Agustina Ambrocio-Almaráz fue arrestada junto a su esposo, Antonio Vargas Peralta, su hermana y su cuñado, la mañana del 6 de noviembre de 2002, mientras se preparaban para ir a trabajar.
Sus hijos, Edén de 9 años y Jorge Antonio de 2, viven en Pochutlac, Oaxaca, en México, con su abuela, mientras esperan ansiosos que regresen sus padres. Ella, como cualquier madre orgullosa, lleva fotos suyas en la billetera.
Agustina, de 28 años, no sólo es una gran cocinera, cuyos mole y tamales de pollo son los mejores de la zona –según la opinión de su fami-lia–, sino también una mujer motivada, vivaz, extrovertida, y que hace frente a los problemas cotidianos.
Antes de ser llevada a la cárcel, Agustina enviaba semanalmente dinero para sus hijos. Ahora, su familia lucha por subsistir y cuidar a sus niños, mientras se preguntan qué será de ella y cuando regrese a México. “No sabemos cómo están ni cómo se sienten ahorita”, dijo un familiar.
Ni Antonio ni Agustina fueron acusados por cometer delito alguno, sino que se los ha mantenido prisioneros como testigos de cargo por más de cuatro meses.
Agustina fue transferida en febrero al correccional del condado de Morgan, donde espera una video-deposición y eventual deportación. Al preguntar a su familia, qué le dirían, a ella y a los otros familiares detenidos, respondieron:
“Que sean fuertes y que se resignen. Dios lo quiso así, así será”.
“Esperamos que salgan pronto. Lo siento mucho. Mamá está bien. Que no se preocupe por su hijo. Él está bien y siempre pregunta por ella”.

Víctor Reyes Luna
Víctor Reyes Luna, un líder cristiano de una iglesia bautista de Osage Beach, está en la cárcel del condado de Callaway, bajo los cargos de portación de do-cumentos falsos y entrada ilegal al país. Si es condenado, enfrenta una pena máxima de 13 años y medio en una prisión federal.
Antes de ser arrestado, Víctor trabajaba como empleado de mantenimiento en Tan-Tar-A junto con otros, ahora también detenidos. El 6 de noviembre fue arrestado y acusado por entrada ilegal, y por posesión de documentos de identidad e inmigratorios falsos.
Su esposa, Flora, junto a sus tres hijos, Verónica, Víctor Isaí y Flor Madaí de entre 1 y 16 años, viven en San Antonio de Lacal, Oaxaca. Sus planes eran venir a los Estados Unidos a juntar suficiente dinero y regresar a México a construir su vivienda para vivir con su familia.
A Víctor se lo conoce por su forma paternal de ser, alguien a quien la gente se acerca para pedir consejos y sabiduría. Es amigable y entretenido. Lleva la palabra de Dios a todos aquellos que conoce. Y ama, por encima de todo, a su familia.
“Mis hijos están muy tristes por su papá”, dijo Flora por teléfono, desde su casa en Oaxaca. “Mis hijos lloran”.
Por casi cinco meses, desde que Víctor está en la cárcel, su familia no recibe ayuda económica. Para poder pagar sus cuentas, Flora ha tenido que trabajar y Verónica, la hija mayor, debió dejar el colegio para ponerse a trabajar también.
Cuando se le preguntó cómo soportaba su rol de madre y esposa, luego del arresto de Víctor, Flora contestó con voz entrecortada, “Más que nada, lo hago por mis hijos. Me hago fuerte. Trato de ser fuerte.”
Si le pudiera dar un mensaje a Víctor, Flora dijo que sería: ”que lo quiero mucho. Que tenga paciencia y que confíe en Dios.”

Galdino Álverez Vargas
Galdino Álverez Vargas es un empleado de 47 años y el sostén de su familia –de su esposa y sus seis hijos–, que vive en México. Llegó a los Estados Unidos con la idea de trabajar para poder darle a sus hijos un mejor futuro.
Junto a Víctor, espera el comienzo del juicio iniciado en su contra por los cargos de ingreso ilegal y posesión de documentos falsos, en la cárcel del condado de Callaway. En caso de ser declarado culpable, Galdino deberá enfrentarse a una pena máxima de 13 años y medio de prisión antes de poder ser deportado.
Sus familiares tratan de subsistir, aunque tienen serias dificultades para proveer la ayuda financiera adicional que ha precisado Galdino durante los últimos cuatro meses. “Él tiene hijos, y los niños necesitan comer. Para mí es difícil mantener a mi madre, mis hermanos y además a su familia”, comenta su hermano. “Sus hijos desean hablar con él. Son mis sobrinos y sobrinas, y lo necesitan”. “No le desearía esto ni al peor de mis enemigos”, dijo un familiar.

 



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