Por Havaca Johnson Colaboradora de Adelante Traducido por Víctor Hugo Vizuette
“Touch your toes [tóquese la punta de los pies]”, Elsa Rivera utiliza ejercicios para practicar inglés, en la clase de inglés
como segundo idioma en Marshall, Missouri. Con 73 años Elsa deja atrás a los estudiantes en sus veintes. “Hago ejercicios a diario”, dice Elsa a los demás
estudiantes. Ella ha vivido en los Estados Unidos por más de veinte años, pero nunca ha dejado de ser una estudiante de inglés.
Después de las clases, Elsa regresa a su casa. Su refrigerador está cubierto con más de 190 imanes. Repleto con figuras en miniatura tales como tazas, estufas, máquinas
de coser, frutas, verduras, animales y mujeres indígenas. Esto parece ser expresión de una apreciación de las cosas simples de la vida.
“Yo colecciono imanes para decorar mi casa y porque me gustan los diseños de diferentes partes del mundo. Mi imán favorito es un carro de bomberos que compré
en New York por cuatro dólares, cuando se lo presiona suena la sirena”.
Con los imanes, Elsa le puso color a la vida diaria. Su carrera como educadora ha sido muy importante para el estímulo de niños de todas edades para realizar sus sueños.
Durante los 48 años de su carrera fue maestra y directora de una escuela pequeña llamada Ciudad Arce, en El Salvador, y maestra en una escuela preescolar bilingüe en
New Jersey.
En El Salvador, estuvo a cargo de la apertura del Instituto Nacional de Ciudad Arce. Bajo su dirección, la escuela fue elegida como uno de los mejores institutos en el país
y ganó un viaje para los estudiantes y maestros a la Ciudad de México y a Acapulco.
Tal como su refrigerador cubierto con imanes, Elsa tiene un muro cubierto con reconocimientos en la enseñaza. Cada uno enmarcado y colgado con orgullo. No todos los reconocimientos
de Elsa vinieron en la forma de placas y premios vacacionales. Su mayor recompensa en la enseñaza fue lograr que con su ayuda los jóvenes y los alumnos humildes lograran
sus metas.
Elsa recuerda cuando uno de sus mejores alumnos no-tenía dinero para pagar una cuota para exámenes finales de 5 dólares. “Si no hubiera completado este examen
este alumno no hubiera podido terminar su educación de preparatoria. Yo le presté el dinero a su papá, y ahora su hijo es un doctor en El Salvador.”
La pasión de Elsa vive en el corazón de sus estudiantes. Hace como 25 años sus estudiantes, ahora profesores, ingenieros, granjeros y doctores, la invitaron a Los
Angeles. Un gran grupo se reunió con sus familias y la esperaron en el aeropuerto.
Ella ha sido parte en el logro de metas extraordinarias por alumnos ordinarios. Ahora, es un modelo a seguir por los inmigrantes en su comunidad para Aprender inglés sin importar
las circunstancias de su edad.