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Redescubrir las letras afrolatinas

El Instituto de Lenguas Afro Romances explora la
literatura negra en el mundo


Reportero de Adelante
Traducido por Roberto Aguirre

DAVID SERBER/Adelante
Marvin Lewis fundó el primer instituto dedicado a la literatura de la diáspora africana en Latinoamérica. Hoy la continuidad del instituto corre peligro por la falta de los fondos económicos necesarios.

La lectura fue el refugio de Marvin Lewis contra la crudeza de una infancia pobre en Virginia. Los westerns — libros sobre el suroeste de los Estados Unidos y México plagados de nombres en español, cactus, rodeos y lindas “señoritas” — alimentaron su naturaleza imaginativa. Deslumbrado con este universo romántico, Lewis comenzó a preguntarse cómo era la vida en ese mundo tan lejano que describían los textos.
“Cuando fui a la universidad, en Baltimore, la mayoría de mis compañeros estudiaba carreras como sociología y trabajo social ... temas que se esperaba que la gente negra estudiara en los ’60”, dice Lewis. “Entonces, decidí que iba a hacer algo diferente: estudiar español”.
Lewis se interesó en la literatura afrohispánica mientras estaba redactando su tesis en la University of Washington en Seattle. Se dio cuenta que los negros eran representados en la ficción de muchos escritores hispanos como cobardes, mal intencionados y perezosos. Fue por ello que se propuso encontrar otra versión de la historia afrolatina.
Este proceso de búsqueda y descubrimiento lo llevó a fundar, en 1997, el primer instituto del país dedicado a la literatura de la diáspora africana en Latinoamérica, el aclamado Instituto de Literatura y Lenguas Afro Romances. La institución edita PALARA, la primera revista académica dedicada a este estudio, y organiza conferencias que reúnen a escritores e investigadores del tema.
Sin embargo, la obra de Lewis enfrenta hoy el riesgo de desaparecer. La excelencia de los profesores del instituto y la escasez de fondos de la University of Missouri ha causado una importante fuga de talentos.
En los inicios era fácil tener a los mejores investigadores porque no había otras universidades interesadas en este campo de estudio, sostiene Mary Jo Muratore, quien como ex directora de la facultad de Lenguas Romances ayudó a fundar el instituto. Pero ahora que el estudio de la literatura de la diáspora africana en Latinoamérica está en boga, el instituto enfrenta gran competencia, admitió Muratore.
“Las condiciones de trabajo y los salarios no son tan buenos aquí. Cualquier universidad nos supera”, agregó. Los primeros en irse fueron el especialista en cine afrohispano, tentado por una universidad de Hawaii, y el experto en temas afroportugueses, quien se marchó a Vanderbilt University, en Tennessee.
“El problema es que eran tan buenos que rápidamente fueron contratados por otras universidades con más poder económico”, dijo Muratore. “Y hay muchos otros que están por marcharse”.
Muratore es pesimista respecto del futuro del instituto y, a menos que ocurra un giro drástico, anticipa que en unos cinco años puede desaparecer. “La universidad ha invertido pocos recursos en el instituto”, dijo Muratore. Fue sólo después de tres años de funcionamiento que la University of Missouri le asignó un presupuesto de 10.000 dólares al año. Antes recibía el dinero que le sobraba al departamento de Lenguas Romances.
La actual directora de la facultad de Lenguas Romances, Carol Lazzaro-Weis, ha brindado su respaldo al instituto desde antes de que llegara a la University of Missouri el año pasado. De hecho, la existencia del instituto fue uno de los motivos que la trajeron a Columbia.
Lazzaro-Weis recuerda que en 1997, cuando trabajaba en Southern University, en Baton Rouge, Louisiana, recibió un volante que ofrecía trabajo en el instituto.
“Imagínese lo encantada que estaba de que alguien iniciara estudios sobre los escritores de descendencia africana”, dijo. “Esto no ocurría todavía en muchas universidades”.
Pese a la escasez de fondos, la directora tiene muchas esperanzas en el futuro. Lazzaro-Weis se ha propuesto como mínimo mantener el tamaño actual del instituto, pero no descarta que pueda crecer. Ella planea mejorar el departamento con la incorporación del componente africano en todos los programas de estudio. “Tenemos que asegurarnos de que todos los cursos en español, portugués y francés incorporen a escritores de ascendencia africana y temas relacionados con la etnicidad”, dijo. Su optimismo se basa en la cantidad de jóvenes investigadores que están dispuestos a participar del esfuerzo.
A pesar de las dificultades financieras, el Instituto de Lenguas Afro Romances sigue siendo líder en su campo. Poco después de su fundación, comenzó a traer académicos a Columbia para participar de seminarios y conferencias y auspició dos seminarios anuales en forma consecutiva con el patrocinio del National Endowment for the Humanities, que reunieron a especialistas de todo el país.
Junto con la Asociación Afrolatinoamericana de Investigación (ALARA, por sus siglas en inglés), el instituto ha impulsado desde 1997 una serie de encuentros internacionales bianuales en ciudades claves para la herencia africana en Latinoamérica, como Bahía, en Brasil; Santo Domingo, Puerto Príncipe y Panamá. Este año el encuentro será en San Juan, Puerto Rico.
En los Estados Unidos, los miembros del instituto están intentando impulsar cambios en el campo del estudio de las lenguas romances.
La literatura ha ingresado en una especie de crisis intelectual, dijo Miguel Ugarte, director asociado del departamento de Lenguas Romances y miembro del instituto. Grandes académicos se están dando cuenta de que los antiguos referentes de la literatura española — Cervantes, Lope de Vega, García Lorca — han sido muy estudiados y no reflejan la diversidad de la herencia hispana.
“Estamos cuestionando nuestras propias premisas en el estudio de la literatura. Por eso estamos buscando más allá de la literatura occidental, con el estudio de la literatura nativa, la literatura africana. El Instituto de Lenguas Afro Romances es líder en este campo”, dijo Ugarte.
El componente africano en la herencia hispana es esencial para entender la totalidad de la cultura, sostuvo Molly Olsen, otra integrante del instituto, quien se especializa en literatura colonial y caribeña.
“Si no entiendes nada sobre África, no entenderás nada sobre el mosaico que es el Caribe”, explicó. “Es importante darle voz en la literatura a la mayoría de la población caribeña y a sus expresiones culturales”.
Académicos de todo el país destacan los esfuerzos del Instituto. Antonio Tillis, profesor asistente en Purdue University afirma que la mayor contribución del instituto es introducir a la comunidad literaria al estudio de los escritores que durante años han sido ignorados en sus pa-íses de origen y en los círculos internacionales.
“Gracias al trabajo del instituto”, dijo Tillis, “escritores como Juan Tomás Ávila Laurel y Donato N’Dongo de Guinea Ecuatorial, Quince Ducan de Costa Rica, Manuel Zapata de Colombia y Nancy Morejón de Cuba están siendo reconocidos como grandes contribuyentes a las letras hispanas”.



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