Los españoles dicen NO al eje Bush-Aznar

AP Photo/Denis Doyle

Thousands of demonstrators crowd the streets of central Madrid, Spain Saturday, Feb 15, 2003 in a large anti-war demonstration to protest against possible military action against Iraq. The Cibeles fountain can be seen, center, background.

colaboradora de Adelante

La prensa estadounidense no se puso de acuerdo con la europea, a la hora de valorar las manifestaciones que el pasado día 15 se produjeron en distintos puntos del planeta. Y es que, como señalaba un periodista desde las páginas del periódico español de mayor tirada nacional, El País, “la brecha política es también mediática.”

Mientras la edición digital de la cadena estadounidense CNN titulaba, “Las manifestaciones contra la guerra encantan a Irak”, la prensa europea ( Le Monde, Libération, The Guardian, The Independent) coincidía en señalar el masivo NO a la guerra que había proclamado la ciudadanía. Entre los periódicos norteamericanos, excepto en las páginas del New York Times, las multitudinarias protestas celebradas en España, uno de los pocos países europeos cuyo Gobierno apoya la política bélica de George W. Bush, pasaban desapercibidas.
Sin embargo, fueron más de tres millones los españoles que salieron a la calle para evitar un ataque a Irak y alzar la voz contra su Gobierno. En concreto, la manifestación que tuvo lugar en la capital, Madrid, reunió alrededor de un millón y medio de ciudadanos de toda condición en una jornada de notable carácter festivo.

Crónica de un NO ciudadano a la guerra

17:30 h. Madrid. En la Fuente de Neptuno, a unos doscientos metros del punto de partida de la marcha, hay una expectación latente entre los primeros congregados, que se agrupan para resguardarse del viento gélido. Las pancartas caseras, levantadas sobre palos de escoba, caricaturizan al Presidente del Gobierno y le dedican duras frases: “Aznar, ve tú a la guerra”. Jóvenes desconocidos reparten por doquier pegatinas con representaciones de El Guernica (cuadro del pintor español Picasso sobre la barbarie de la guerra). Banderas de diferentes credos ondean sobre las cabezas de los manifestantes: las hay con el arco iris emblema de la comunidad homosexual, no faltan las viejas enseñas de la olvidada república española, ni los estandartes de la nación palestina, pero sobre todo el rojo de las telas de las distintas confesiones de izquierdas.

18:00 h. Los helicópteros sobrevuelan el Paseo del Prado (que liga la Fuente de Neptuno con la Plaza de Cibeles) donde la gente marcha desordenadamente en ambas direcciones con la convicción de dirigirse hacia el punto adecuado. Pero la manifestación ya no se mueve: sus varios frentes, liderados por grupos políticos y de artistas, entre otros, se hallan detenidos por la tremenda afluencia de protestantes. Fotógrafos profesionales se encaraman a árboles, buzones y puestos de comida ambulantes para intentar divisar hacia dónde se mueve la marabunta humana. Con la caída de la tarde, el frío ruboriza los rostros, pero la gente sigue charlando animadamente. Allá una curiosa estampa: un perro mestizo con una bandera roja sujeta a su collar camina junto a su dueño, ajeno al alboroto de manifestantes. Más acá, un grupo de adolescentes con los rostros pintados con símbolos pacifistas hacen sonar sus silbatos. Se oyen bongos en la lejanía. La multitud se empieza a cerrar a medida que nos acercamos a la Fuente de Cibeles, donde la marcha cambia de rumbo. Avanzar unos metros se convierte en una odisea de largos minutos. Alguien grita de pronto “¡Esto nos pasa por un gobierno facha!” y pronto se le suma la multitud divertida. Es la primera vez en que todos los presentes se aúnan en una voz. Tapones humanos impiden el acceso a las bocas de metro cercanas. Siguen sumándose manifestantes.

18:30h. Subiendo por la madrileña calle de Alcalá, el atardecer se llena con las canciones rescatadas del viejo cantautor de la transición democrática española, Joan Manuel Serrat, proyectadas desde unos altavoces. De un teatro cuelga una gran pancarta en la que las actrices de una obra de moda se suman al NO a la guerra. Volviendo la vista atrás es imposible divisar el fin de la manifestación. Algunos llevan cámaras de gas colgadas del cuello, otros aparecen pintados de camuflaje. En una de las calles cercanas, muchos que han dejado la marcha toman un atajo hacia la Plaza de Sol (en el centro de la ciudad), donde se leerá el comunicado final y se hará un simulacro de bombardeo.

19:00h. La riada de manifestantes desemboca aparatosamente en la Plaza de Sol, que en pocos minutos queda saturada. La emoción hace resistir estoicamente las bajas temperaturas. A lo largo de la marcha no se ha escuchado un lema común entre los asistentes, porque (a pesar de haber sido en gran medida tomada por los militantes de los principales grupos políticos de la oposición al Gobierno de Aznar) se ha concentrado tal diversidad de gentes que ha funcionado el “yo voy por libre”. De vez en cuando, se escuchan algunos gritos aislados de jóvenes entusiastas, que tratan de desatar la marea de voces, pero ninguno lo consigue. Pedro Almodóvar, director de cine español nominado recientemente para los premios de la Academia de Cine norteamericana, acaba de subir al escenario y se dispone a leer un manifiesto contra la guerra, a la que tachará de “inmoral e ilegítima”.
Aznar se queda solo

A pesar de este claro NO a la guerra de la población española, el Presidente Aznar se mantiene “firme en su convicción” de que la “más eficaz apuesta por la paz es una dura presión” sobre Irak para que se desarme, que incluya la amenaza de guerra. La consecuencia de su actitud es inmediata: la gran mayoría del pueblo (91%, según las encuestas) le da la espalda.
“El 60% de la población iraquí no resistiría ni 15 días de conflicto. Es como luchar contra un enfermo y por eso nos manifestamos,” asegura Federico Scavazza (22), estudiante italiano de intercambio en España.
Scavazza hace hincapié en que las manifestaciones más multitudinarias se han producido en aquellos países en los que el gobierno apuesta decididamente por una política belicista, como en España y en Italia. “Habrá una guerra, por supuesto,” asegura convencido. “Pero salimos a la calle porque queremos que se piense en otras soluciones que no pongan en peligro la legalidad internacional.”
Que la guerra es imparable parece ser un argumento compartido en más instancias sociales, como entre los expertos.
“Sí habrá enfrentamiento, pero cuál será el precio que van a pagar los gobiernos europeos por mandarnos a ella es la cuestión que está en la calle,” señala Juan Carlos Monedero (38), profesor de ciencias políticas en la Universidad Complutense de Madrid. “Aznar está representando más los intereses de Bush que los de los españoles y españolas.”
Para Monedero, la salida masiva de los españoles a las calles para protestar también tiene que ver con una mala gestión del Gobierno: “Los defensores de la guerra lo han hecho fatal. Es a todas luces una guerra por petróleo y eso es muy difícil de vender.”
“Si el Presidente Aznar no hubiera retrasado tanto su comparecencia parlamentaria, quizás los sectores atlantistas y belicistas de la oposición no se habrían organizado y la manifestación no se habría articulado,” apunta Monedero. “Pero la presidencia lo ha hecho de pena.”
Sin embargo, no toda la oposición al gobierno salió a las calles. Laura Ferrando (18), estudiante y militante de las juventudes del Partido Socialista Español, se negó a participar en las marchas. “No entiendo por qué, a estas alturas de la historia, tenemos que salir a la calle a exigir que no haya una guerra,” comenta indignada. “La paz no ha de suplicarse en las calles, es algo que nos pertenece por derecho.”

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