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El Ocaso del Sueño Africano


Colaboradora de Adelante

sara miriam nso i roca

Una vez, de niña, estuve en África. Me interné en la frescura de las sombras selváticas, seguí el susurro del patriarca africano a través del sendero de la raza y me dormí con el arrullo de un riachuelo oculto a la vista…
Las paredes de la pequeña habitación se esfumaban en la oscuridad; el relato de la fábula africana que mi padre, un inmigrante de la diáspora negra, nos legaba a mis hermanos y a mí cada noche acudía a nuestros sentidos con la fuerza del sueño.
Una vez, de niña, soñé con el África que ya sólo vive en la palabra legendaria que los ancianos custodian en poblados perdidos y que pugna contra el olvido en la memoria dispersa de la negritud. Allí es donde habita Nfumu Ngi, el Gorila Blanco.
En 1966 fue capturada en la selva de Guinea Ecuatorial una cría de gorila de piel clara y cabellos blancos, el único ejemplar albino de esta especie que jamás se ha conocido. Un cazador autóctono mató a la familia del gorila y vendió al extraordinario animal a un primatólogo llamado Sabater, que trabajaba en el Centro de Experimentación Animal de Ikunde, po-sesión del Zoológico de Barcelona en la entonces todavía colonia.
El hombre blanco, seducido por la leyenda de Nfumu Ngi (un colono que hizo enfurecer a un poderoso hechicero y recibió su maldición en forma de metamorfosis animal), se llevó al gorila a España para convertirlo en un monstruo de feria, cambiando su nombre por el de Copito de Nieve. Sin embargo, nadie le prestó atención hasta que los estadouniden-ses lo descubrieron en 1967 y fue portada del National Geographic.
Así es como

Nfumu Ngi encarna la triste historia de un África que aún sufre la herida colonial. Las maravillas del continente inagotable fueron entonces y aún hoy siguen siendo objeto de contrabando y explotación. El africanista Daniel Zamora apuntaba la clave de este modo de dominación: “las pirámides de Egipto, las ruinas del Gran Zimbabwe y todas aquellas ruinas en construcción de piedra que se localizan en cualquier parte de África se atribuyen a individuos extra africanos, lógicamente europeos. Algunos como el conde de Gobineau, en su libro El Problema Racial, así lo aseveran, olvidando que, quien nada tiene nada puede dar, pues si el eurocentrista no ha construido pirámides en Europa, resulta de locos pensar que vaya a construirlas en África y América”.
El desinterés con el que Nfumu Ngi recibe al visitante en el Zoo de Barcelona no deja de ser hiriente para quien conoce y respeta la realidad de la naturaleza salvaje. Tras casi 40 años de cautividad, su espíritu duerme.
El gorila legendario se enfrenta ahora a un cáncer de piel que no le permitirá vivir mucho más. Ngi sobrevivió a siete de los veintidós hijos que tuvo con sus tres compañeras. Ninguno de ellos ha heredado su pelaje blanco.
Una vez, de niña, estuve en el África de las maravi-llas, donde el milagro de Nfumu Ngi, el Gorila Blanco, se hizo posible. Nada tiene que ver esa tierra de magia, prosperidad y leyendas ancestrales con el África que hoy agoniza, herida en lo más profundo de su espíritu. Contaba el periodista polaco Ryszard Kapuscinski que unos nativos de Tanzania le enseñaron que “el espíritu de África siempre se encarna en un elefante. Porque al elefante no lo puede vencer ningún animal”. Hoy el espíritu del continente está plasmado en el lamentable ocaso de Nfumu Ngi, un animal excepcional que nunca recibió el respeto que merecía.

Nfumu Ngi murió el pasado lunes 24 de noviembre en zoológico de Barcelona. La redacción de Adelante decidió publicar esta nota tal como había sido escrita en los días previos a su fallecimiento.

 



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