Su leyenda viaja a través de México
como un fantasma, pero muy pocos pronuncian su nombre.
Algunos la respetan, otros la odian, pero ninguno es
ajeno al misticismo de la Malinche.
La Malinche era una indígena que sirvió de
intérprete para el conquistador español
Hernán Cortés. Doña Marina, como
también se le conoce, engendró un hijo
del conquistador, un hijo mitad español, mitad
indígena; el primer mestizo.
Pero la historia no va más allá de estos
hechos acerca de la Malinche. La antropóloga Anna
Lanyon viajó a través de México
buscando indicios de la Malinche y en Malinche's Conquest
(La Búsqueda de la Malinche), Lanyon reúne
los eventos y la creencia popular, y pinta un retrato
imaginativo de la mujer que es considerada traidora por
algunos y un ícono por otros.
Una de las fuentes básicas de Lanyon fue el diario
del español Bernal Díaz, quien acompañó a
Cortés a la ciudad de Tenochtitlán. Díaz
escribió detalladamente cada movimiento hecho
por los exploradores españoles. Sus escritos incluyen
comentarios sobre el coraje de la Malinche y su eficacia
como comunicadora entre las dos naciones.
¿Quién era la Malinche? ¿Quién
o quiénes fueron los padres de sus hijos? En Malinche's
Conquest, Lanyon va más allá de estas preguntas
y del recuento de un pasado histórico. “Sus
palabras fueron transmitidas hasta nosotros a través
de Bernal Díaz”, Lanyon escribe, “pero
la mujer que ella era sigue escondida, siempre”.
Para bien o para mal, cualquiera que decida trazar el
carácter de la Malinche lo hace basado en rumores
y leyendas que circularon después de que Bernal
Díaz terminara de escribir su diario.
Por su parte, Lanyon pinta un retrato romántico
de la Malinche, reflejándola como la madre de
una nación, la única causa honorable de
un pasado sangriento y corrupto. ¿Serán
verdaderos la interpretación de Lanyon y los rumores
en que se basa? ¿Hay alguna forma de saber si
la Malinche amó verdaderamente a Cortés
o si su primer esposo legal, el soldado Juan Xaramillo,
estaba embriagado a la hora de su casamiento? Evidencia
sobre estas y muchas otras preguntas se han extraviado
de los libros de historia, pero más allá de
errores empíricos, Lanyon hace que el lector devore
y de vueltas las páginas de su libro.