Pobres sí, ¿pero honrados?

Cooperación económica necesaria para el continente latinoamericano

AP Photo/Diego Giudice
Elizabeth Sánchez, sostiene a Malena, de 4 meses, en la ventana de su casa en San Miguel de Tucumán, Argentina. Pobreza y desempleo han aumentado luego de 4 años de profundo retroceso económico. Alrededor del 40 por ciento de los 36 millones de argentinos viven ahora por debajo de la línea de la pobreza.


reportera de Adelante

Que Latino América es pobre ya lo sabíamos. Y que cada vez es más pobre, también. Por eso el último informe publicado por la CEPAL, en el que se afirma que hay 10 millones más de hispanos en la pobreza desde el año pasado, no ha sorprendido a nadie. Los mayores medios de comunicación ni siquiera han dedicado espacio al tema. Probablemente, “porque ahí ya no hay noticia”.

A pesar de los esfuerzos llevados a cabo por algunos países (véase Uruguay o Chile), lo cierto es que el peso de Suramérica lo llevan tres naciones. De ellas, dos están sometidas a grandes dosis de inestabilidad e incertidumbre. El destino de Argentina es incierto, sobre todo después de saber que desde el año 2000 al menos 166 niños murieron por desnutrición tan sólo en la provincia de Misiones. En cuanto al nuevo Brasil de Lula, son iguales las esperanzas que alberga como las dudas que despierta. Han sido demasiados los gobiernos que prometieron grandes hazañas. Ahora la gente quiere hechos.
El tiempo ha demostrado que la raíz del problema de Hispano América no es económica, sino política. Los malos gobiernos de antaño son los que repartieron mal la riqueza. Ahora, los malos políticos son los que no infunden credibilidad en los inversores. Y sin capital, no hay país que pueda levantar su economía. Y con ella a su gente, que es lo más grave.
El principal obstáculo ahora es el llamado “círculo de pobreza”. Cuanto más tiempo un país es pobre, más se empobrecen sus estructuras, lo que hace cada vez más difícil el salir de la situación de miseria. Desde los comienzos de su campaña, Lula repitió constantemente un lema: “No puedo cometer un error”. Y no es que se considere infalible. Es que sabe que en las actuales cir-cunstancias, un paso en falso puede tener consecuencias desastrosas.
Pero, ¿cómo se explica la paradoja de que un continente tan rico no pueda salir de la pobreza? Están los inmensos recursos naturales de países como Brasil o Venezuela. O el capital intelectual de Argentina, que supera (según el mismo informe de las Naciones Unidas), al de países tan desarrollados como Suiza, Dinamarca o Francia.
Es evidente que a menos dinero, mayor es la necesidad de trabajar. La gente estudia menos porque no tiene con qué financiarse los estudios, o porque cree que eso no le va a permitir encontrar un trabajo mejor. Según las Naciones Unidas, la deserción escolar entre las clases bajas está aumentando. Esto significa que la gente pobre de hoy no va a tener oportunidad de encontrar un trabajo más cualificado y mejor remunerado mañana. Los pocos trabajadores cualificados se van a buscar trabajo al extranjero. Y sin ellos, la industria no puede despegar.
Obviamente, el modelo neoliberal sólo ha ayudado a aumentar las diferencias entre ricos y pobres. Pero en un contexto de economías globalizadas (sirva como ejemplo la Unión Europea), está bastante claro que los países de Sudamérica necesitan unirse en un único frente que apueste por una economía de entrecasa para los de casa.
La propuesta del MERCOSUR parece la más acertada si se llega a llevar a cabo en la manera en que está planteada: una red de intercambios fundamentados en un sistema económico mixto, donde los servicios básicos están asegurados por parte del gobierno. La propuesta alternativa, ALCA, no parece despertar las simpatías de amplios sectores de la población. Muchos ven en ella un acuerdo que sólo favorece a las grandes compañías, las cuales, gracias a su potencial productivo, pueden reducir los precios hasta que los fabricantes nacionales no puedan competir contra ellas.
La crisis del sistema liberal en Sudamérica se hizo patente ante el mundo entero el año pasado, cuando la escasez de dinero hizo que los argentinos recurrieran a prácticas de trueque para cubrir sus necesidades primarias. El sistema capitalista demostró entonces su ineficacia cuando, ante una crisis, su tendencia natural se orienta a las técnicas mercantiles en su origen.
La apuesta del futuro sería seguir esa tendencia entre todos los países de Latinoamérica. O lo que es lo mismo, un sistema de intercambios comerciales que proteja y favorezca a las economías nacionales en un contexto de cooperación internacional y unión monetaria. Pero para esto, es necesaria la voluntad política de llevarlo a cabo. Y eso implica terminar con los gobiernos oportunistas que, tal y como reza el refrán argentino, “firman con la mano lo que borran con el codo”.
El continente americano confía ahora en una nueva generación de políticos que, de una vez por todas, haga de la política su política.

Sheila Grandío Pérez es una estudiante de intercambio de la Universidad de Navarra, Espa

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