Este mes es una época de
renovación para la naturaleza, una renovación
de la vida; y para los cristianos tanto como para los
católicos, una renovación de la fe. Este
espíritu fue muy notable el Domingo de Ramos,
cuando más de 150 creyentes se reunieron bajo
un cielo soleado, portando hojas de palmas en las manos,
esperando un mensaje de transformación del Padre
Rafael Rentería, quien vestía una casulla
roja y una sonrisa serena. Este espíritu también
florece en los enérgicos servicios del Pastor
Elpidio Sandoval, quien toca la guitarra durante los
himnos evangélicos en la Iglesia del Nazareno
en México, Missouri; o en la misión
bautista del Pastor Heber Mena de Jefferson, donde
se juega al básquet mientras se habla de Dios.
Este espíritu se encuentra en todas partes,
y su expresión es tan polifacética como
la gente de esta nación en un tiempo de renacimiento.
Es el momento para celebrar el cambio de colores que
nos rodea y que se despliega en un abanico technicolor
de vida, dejando atrás los tonos monocromáticos
del interminable invierno. Están, sin embargo,
los que lucharán con furia por mantener una
visión limitada y estrecha del mundo, esos mismos
que pelean en contra de la naturaleza humana, los que
plantan sus bombas en las estaciones de tren, en los
países del tercer mundo y en las emisoras de
radio en un intento desesperado por mantener el invierno
interminable de un pasado que ya no existe. Representan
los últimos coletazos de un dinosaurio moribundo.
Es hora de extender nuestras manos y trascender las
fronteras invisibles pero poderosas que nos separan
para ser un pueblo unido. Es hora de seguir el ejemplo
de Elvera Satterwhite de Sedalia y la Hermana Peggy
Bonnot de Jefferson City, dos mujeres que siguen su
fe para rechazar el miedo, para enseñar a sus
paisanos el mismo mensaje de amor que compartió Jesús.
Sigamos, también, el ejemplo de Roxana Huaman
y Elia Sandoval, quienes trascendieron el aislamiento
del inmigrante nuevo, usando sus propias experiencias
para ayudar a los recién llegados. Sigamos el
ejemplo de las 300 personas que se unieron en St. Louis
para celebrar el cambio y enfrentar los retos de manera
positiva y creativa.
La primavera por fin ha llegado. El cambio es bueno.
Vamos a celebrar.