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Las iglesias cristianas y Católica invierten esfuerzos y recursos para atraer fieles hispanos


Traducido por Jorge Cornejo

Cuando Gloria Pereida le contó a su madre católica sobre su nueva fe religiosa, ésta se echó a llorar.
“Ella no podía creer que igual que mi hermana yo también estaba abandonando la Iglesia”, dice Pereida. Como la gran mayoría de sus compatriotas mexicanos, la familia de Pereida siempre había sido católica. “‘Eso no es lo que yo les enseñé’, me dijo mi madre, pero yo le respondí: ‘Ya no eres responsable por nosotras. Ahora somos adultas’”.
A pesar de un cierto malestar en su familia, la conversión a la fe bautista le ha traído a Pereida paz interior.
“Es algo que no se puede explicar. Nadie podrá jamás explicar este sentimiento”, dice Pereida sentada a la mesa de su cocina. “Es algo que viene del cielo”.
Omar y Chava, los dos hijos adolescentes de Pereida, comparten con entusiasmo su fe e incluso se han convertido en líderes del grupo juvenil de la congregación Pueblo de Dios. Pero su esposo, Fidencio Morales, aún mantiene su formación católica. Y su hijo mayor, Luis, se ha convertido en mormón.

  Gloria Pereida

“Es algo que no se puede explicar. Nadie podrá jamás explicar este sentimiento”.

Gloria Pereida
Sobre su conversiÓn a la fe bautista

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La historia de Pereida refleja la de muchos otros miembros de su generación. Aunque durante cinco siglos Latinoamérica ha sido un bastión de la Iglesia Católica, algunas iglesias evangélicas, como la Iglesia del Nazareno y la Bautista, están invirtiendo recursos materiales y humanos para atraer a los hispanos.
Al mismo tiempo, la Iglesia Católica enfrenta una fuerte crisis financiera producto de la recesión económica que vive el país y de los escándalos por casos de abuso infantil que involucran a sacerdotes. A pesar de que la comunidad laica y el clero católicos vienen trabajando desde las bases para brindar servicios sociales y acercar la Iglesia a la enorme cantidad de latinos católicos, sus recursos se quedan atrás en comparación con los de su contraparte evangélica. Cada vez más latinos católicos asisten a las iglesias evangélicas en busca de servicios, tanto sociales como espirituales.
Este desequilibrio puede explicarse parcialmente por la diferencia en la composición religiosa entre Latinoamérica y los Estados Unidos. En los Estados Unidos, la Iglesia Católica no es el centro religioso y cultural como ocurre en Latinoamérica, donde más del 80 por ciento de la población declara ser católica. Cuando un inmigrante católico acude a una iglesia estadounidense en busca de consuelo y ayuda, las probabilidades de que se trate de una iglesia católica son menores.

Líderes evangélicos abren camino
Es domingo por la mañana en Clark Christian Life Center, ubicado detrás de First Church of the Nazarene en Mexico, Missouri. El pastor Elpidio Sandoval está de pie sobre una tarima, tocando una guitarra eléctrica blanca y roja y cantando ante un micrófono. A su derecha están las banderas cristiana, mexicana y de los Estados Unidos. Más de veinte congregantes hispanos se le unen en el culto aplaudiendo y cantando. La esposa del pastor, Elia, cierra los ojos y eleva las manos mientras canta “Señor, tu nombre exaltaré”.
En enero de 2001, el matrimonio Sandoval fue llamado a Mexico por la congregación estadounidense de First Church of the Nazarene, para encargarse del ministerio en la creciente comunidad latina de ese pueblo. Elia Sandoval señala que la comunidad hispana “quería a alguien que pudiera predicar para ellos, que tuviera familiaridad con su lengua, su cultura y su idiosincrasia”.
La congregación de Mexico es parte de un creciente movimiento en Church of the Nazarene que en 1997 declaró a los Estados Unidos y a Canadá “campos misionales” para los hispanos. Roberto Hodgson, director hispano de la misión para los Estados Unidos y Canadá, dice que la Iglesia invierte en el entrenamiento de sus líderes y en ayudar a pastores latinos como Sandoval a fundar nuevas congregaciones dentro de las estructuras ya existentes. Hay más de 17 mil nazarenos hispanos en 351 congregaciones. Estas van desde iglesias hispanas autónomas hasta congregaciones dentro de otra congregación, como es el caso de Mexico, el primer ministerio nazareno hispano en Missouri. Hodgson señala que los hispanos han traído un renovado sentido de comunidad y de familia a la congregación.
Southern Baptist Church, el segundo mayor credo religioso del país, ha tenido presencia entre la población hispana de Missouri por más de 15 años. Mauricio Vargas, misionero de Missouri Baptist Convention, ha servido a la comunidad hispana de Missouri desde 1987. Originario de El Salvador, Vargas fue criado en la fe bautista en un país de tradición católica.
“Recuerdo que era el único bautista en la escuela primaria, en la secundaria y en la universidad”, dice Vargas.

SARA FAJARDO/Adelante
Cristina Lara, 11, fue bautizada en mayo de 2003 en St. Mary’s Catholic Church, Milan. Milan es una de las comunidades de Missouri central con una numerosa congregación de hispanos católicos, al igual que Marshall, Jefferson City y Tipton.

Es poco probable que los jóvenes latinos bautistas de hoy pasen por esta situación. Según Vargas, el número de congregaciones latinas en la iglesia Bautista está aumentando rápidamente. Antes de la llegada de Vargas, la influencia hispana en las congregaciones bautistas del estado era prácticamente nula. En un estado en que la mayoría de personas acude a iglesias anglosajonas, hoy existen más de 40 congregaciones bautistas hispanas. Aunque forman parte de un credo religioso en el que buena parte del dinero se concentra en las iglesias locales, los bautistas de Missouri, como la Convención, han invertido casi 100 mil dólares en el entrenamiento de nuevos clérigos hispanos. La mayor parte de los pastores, así como la mayoría de inmigrantes latinos, proviene de México y Centroamérica.
“Estamos invirtiendo”, dice Vargas.
La Convención Bautista de Missouri ha establecido seis institutos bíblicos a lo largo del estado para ayudar al entrenamiento de los líderes espirituales latinos. Actualmente hay 79 personas inscritas en estos institutos. Según Vargas, su meta es contar con un pastor que hable español que se encuentre a 30 minutos en auto de cada grupo de bautistas hispanos en el estado.

La respuesta católica al desafío
Según Alejandro Aguilera-Titus, director asociado de la Secretaría de Asuntos Hispanos de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, los obispos consideran que los esfuerzos de los otros credos para atraer la presencia latina son un desafío para incrementar sus propios esfuerzos. “Ha sido como una llamada de alerta para los obispos”, dice Aguilera-Titus.
Para Aguilera-Titus, el número de latinos católicos a los que la Iglesia no llega todavía es considerable.
“Aún si quisiéramos acoger a todos los católicos hispanos, no tendríamos parroquias suficientes para albergarlos”, dice Aguilera-Titus.
Actualmente, cerca del 25% de las parroquias católicas, es decir, más de 4 mil iglesias, cuenta con algún tipo de ministerio para los latinos: desde misas en español hasta ministerios que ofrecen catequesis y cuentan con grupos juveniles hispanos. Estos servicios, sin embargo, se ofrecen predominantemente en la región del suroeste del país y en el estado California. Los pueblos de Missouri que cuentan con una población significativa de hispanos, como California y Mexico, no ofrecen misas en español ni tienen planes de hacerlo. Otros pueblos, como Marshall, están apenas empezando, a pesar de que una importante comunidad latina vive allí desde hace diez años.
Llegar a la comunidad hispana es vital para el futuro de la iglesia Católica. Análisis estadísticos realizados por la Iglesia muestran que en el año 2020 la mitad de todos los estadounidenses católicos será de origen latino.
Algunos católicos, sin embargo, están preocupados porque creen que la Iglesia no está haciendo lo suficiente para enfrentar este desafío. De acuerdo con un estudio de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, existe un sacerdote latino por cada 10 mil creyentes hispanos, comparado con el promedio general de uno por cada 2 mil. A los activistas hispanos les preocupa que la Iglesia no esté mirando hacia el futuro.
Los latinos representaron prácticamente todo el crecimiento de la iglesia Católica entre 1990 y 2002. Durante ese período, casi 11 millones de hispanos fueron incorporados a la población católica en los Estados Unidos, compensando así la pérdida de 5,5 millones de católicos blancos no hispanos.
“Hay muchas personas esperando ayuda, pero no veo capacidad de liderazgo en los obispos”, dice la Hermana Joyce Schram, contratada recientemente como coordinadora del ministerio hispano de la diócesis de Jefferson City. “Parece que por estos días tuvieran la cabeza en otras cosas”.
Ken Johnson-Mondragón es el director de investigación y publicaciones del Instituto Fe y Vida, una organización católica que entrena a líderes laicos para el ministerio de jóvenes y adultos jóvenes hispanos.
Según Johnson-Mondragón, un número creciente de hispanos está abandonando la Iglesia. En el estudio titulado “El estado del ministerio de jóvenes y adultos jóvenes hispanos en los Estados Unidos”, de 2002, el instituto descubrió que existía la necesidad de incrementar los servicios para adultos jóvenes latinos en la Iglesia, especialmente en el caso de los nacidos en los Estados Unidos. Según el estudio, este grupo se encuentra en una particular situación de riesgo ya que se trata de jóvenes atrapados entre dos culturas y que podrían no sentirse cómodos en ninguna de ellas.
Johnson-Mondragón señala que en estos tiempos de crisis presupuestaria en la Iglesia muchas diócesis han optado por integrar su oficina de ministerios hispanos con otros ministerios.
“Al estar con todos los otros grupos, aunque representan 80% de todos los grupos étnicos, reciben apenas una fracción de la atención pastoral que requieren”, afirma.

Dios te salve María, llena eres de gracia
Cuando en 1999 María Carpena se mudó a Jefferson City, no había un solo lugar en la ciudad donde pudiera asistir a una misa en español. Una vez al mes, Carpena, conducía junto a su esposo los 32 kilómetros que la separaban de California, Missouri, para rendir culto. En aquel entonces, la misa mensual ofrecida por la Iglesia de la Anunciación era el servicio más cercano en su lengua natal. Durante ese tiempo, Carpena fue invitada por un amigo a participar del servicio de la congregación hispana de la Primera Iglesia Bautista de Jefferson City. Allí se convirtió en una estudiosa de la Biblia, memorizó versículos y tomó inspiración de la historia bíblica de David.
“Descubrí que Dios puede ayudarte aún si eres pequeño y de una cultura diferente”, afirma Carpena.
Aunque todavía se consideraba católica, Carpena había dejado de celebrar las festividades católicas y de rezar el rosario.
Aunque se sentía cómoda en su nueva congregación bautista, Carpena procuraba siempre evitar conversaciones sobre la Virgen María. “Los latinos respetamos mucho a María. Ella es la madre de Jesús. Aunque no te guste, no hay que faltarle el respeto”, dice. Al defender su relación con la Virgen, Carpena refleja los profundos sentimientos de millones de latinos.
“Uno no se mete con su Madre”, dice Carpena.
Aguilera-Titus considera positiva la participación de otros credos religiosos en la vida latina. A pesar de ello, piensa que hay una diferencia muy sutil entre dar una mano con buena voluntad y hacer proselitismo religioso.
“Algunas de las críticas más duras que un católico debe soportar de un evangélico están relacionadas con los sacramentos y la devoción a los santos y a María”, dice Aguilera-Titus.
Cuando St. Peter Catholic Church en Jefferson City empezó a ofrecer misas semanales en español, en el otoño de 2002, la fe católica de Carpena se vio revitalizada. Carpena retomó el rezo del rosario comenzó nuevamente a celebrar las fiestas tradicionales de los latinos católicos.
“Hacemos lo que solíamos hacer en México”, dice al referirse a la iglesia de su comunidad natal. “Eso marca la diferencia. Te hace sentir como en casa”.
A pesar de que los bautistas sí celebran las “quinceañeras”, aunque sin bailar, no reconocen aquellas festividades que contradicen con la teología bautista, como la de Nuestra Señora de Guadalupe o el Día de los Muertos.
“Aprovechamos esas oportunidades para explicar las diferencias entre uno y otro credo religioso”, dice Vargas. En el Día de los Muertos, por ejemplo, los bautistas hacen hincapié en que los cristianos deberían regocijarse porque los muertos resucitarán en Cristo algún día.
Vargas reconoce que algunos ministros han tenido una postura de confrontación sobre estos asuntos. Cuando discute las diferencias teológicas sobre María entre bautistas y católicos, Vargas tiene mucha cautela si se trata de latinos. “Los hispanos somos muy maternalistas”, dice. “Aunque los bautistas no estén de acuerdo con los católicos sobre el papel de María en la oración, todos los cristianos sí están de acuerdo en que ella es la madre de Dios”.

Servicios espirituales y servicios sociales
A pesar de los esfuerzos de la Iglesia Católica por atraer a los latinos, en una reciente conferencia sobre asuntos hispanos la hermana Schramm dijo que aún hay mucho por hacer.
“Son los seminaristas quienes deben aprender español. Las personas quieren misas en español porque sólo hablan ese idioma. Se trata en su mayoría de inmigrantes de primera generación”, dijo la Hermana Schramm.
Sentada en una sala de conferencias junto a doce activistas católicos, Schramm dijo lo siguiente: “Nosotros somos las tropas y necesitamos más soldados”.
La hermana Schramm también supervisa los servicios sociales que los católicos proveen como parte integral de la misión de la iglesia. Dos servicios importantes de Jefferson City, un tradicional bastión católico, reciben recursos a través de la diócesis: El Puente y el Servicio de Inmigrantes y Refugiados. “Pienso que éste es el mensaje de Jesús, quien dijo que debíamos ayudarnos los unos a los otros”, dice. “Es exactamente lo que dice el Evangelio”.
Todas las iglesias consultadas para este artículo están acercándose a la comunidad latina con una oferta que combina guía espiritual y servicios sociales.
“Estamos ayudando a la comunidad en todo lo que podemos”, dice Vargas. Eso incluye traducción en las cortes y los hospitales, clases de inglés como segundo idioma y atención a las necesidades materiales con alimento y ropa, así como la creación de grupos para el estudio de la biblia.
“Quizás no vean a muchos mexicanos en la iglesia, pero eso ocurre porque la iglesia va a sus hogares”, dice Elia Sandoval de la Iglesia del Nazareno en México. “Siempre estamos de guardia: vamos a hospitales, a tiendas, a lavanderías de autoservicio, y somos la mano de Dios en todo lo que pueda ocurrir”.

El escrito en la pared
Los Diez Mandamientos, copiados a mano, son testimonio de la mano de Dios en el hogar de Gloria Pereida. Los mandamientos se encuentran enmarcados cerca de la puerta, para recordarle a Pereida de la presencia de Dios cada vez que sale de su casa. Aunque la fe de Pereida no es compartida por la mayor parte de su familia, ella aún respeta sus creeencias.
“No importa el credo religioso, nosotros no criticamos a nadie”, dice Pereida. “Debemos respetar las decisiones de los otros, porque para ser un buen cristiano lo primero es el respeto a los demás”.



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