A mí la tragedia
me despertó en forma de llamada. Samuel, un
amigo de esos de verdad, marcó mi número
para preguntarme: “¿Estás bien?”.
Todo lo demás es ya historia: mochilas-bomba,
trenes ... y la mayor masacre terrorista en la historia
de Europa. El “sinsentido” humano en estado
puro.
Así comenzaba un día lleno de emociones
y un intenso período de cuatro días que
incluso acabaría cambiando al gobierno de España.
Los sentimientos oscilaban en distintos niveles. Me
emocionó ver cómo tanta gente hizo como
Samuel y cogió el teléfono para preocuparse
por mí. Muchos saben que soy usuario habitual
del transporte público. Son esos momentos cuando
uno da importancia a lo más sencillo de la vida:
la familia y la amistad.
Sentimientos, decía, que cada uno canaliza a
su manera. Hubo gente que fue a donar sangre, a rezar
o a encender velas. Yo no hice nada de eso. Me quedé todo
el día mirando el televisor, embobado, absorto,
intentando comprender lo incomprensible y asistiendo
a aquella especie de película macabra a través
de esa fría distancia de irrealidad que da la
televisión. Esa televisión que es capaz
de mezclar en dos minutos el drama de aquella masacre
con anuncios de sopa instantánea. El “sinsentido” humano
en estado puro.
También era difícil comprender la absurda
lotería que eligió matar a los usuarios
del tren de las 7:23 a.m. y no al que salió cinco
minutos antes o al que iba a salir cinco minutos después.
Yo podía haber estado allí pero la suerte
hizo que la noche anterior viajara en tren desde la
estación de Atocha — y no aquella mañana
de muerte.
Una semana después, volví a Atocha.
Un golpe de calor me azotó la cara cuando entré en
una de las zonas de tránsito de viajeros. Miles
de velas encendidas formaban una especie de santuario
urbano. Flores, osos de peluche, cartas, fotos recuerdan
aquellas historias llenas de vida con las que el “sinsentido” humano
en estado puro acabó. Varias personas miraban
aquello y enjugaban lágrimas. Varios metros
más allá, trabajadores y familias se
iban a casa, al trabajo o a hacer las compras.
La vida continuaba.