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Ciudad de Dios
cruzando fronteras sociales

Cortesía de miramax.com

Editora Asociada de Adelante

  CIUDAD DE DIOS
En Ragtag del 23 al 29 de abril. Para información llame al (573) 441-8504
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Lo comprendió todo, con el corazón en la garganta y el cuerpo inmóvil. Sólo le bastaron unos pasos dentro de ese tugurio para que se encontrara a un niño apuntándole con un revólver. En ese momento visualizó al mayor proyecto cinematográfico de Brasil. Por años había escuchado de este lugar, pero sólo entonces pudo ver con claridad a la Ciudad de Dios.
En la película que influyó en la vida de decenas de niños, la política de un presidente y la conciencia de un país, el director Fernando Meirelles saca a la luz a un mundo amparado en la oscuridad del olvido.
Basada en la novela de Paulo Lins, del mismo título, Ciudad de Dios fue un punto importante en la campaña presidencial del ahora mandatario Luiz Inacio “Lula” da Silva.
“Le abrió los ojos a la gente”, dijo Katia Lund, co-directora. “Le ayudó a la gente a percibir la magnitud de este problema, la emergencia de este pro-blema”.
La película hizo que miles voltearan los ojos a una sociedad abandonada y cuestionaran las raíces de este tema.
“El problema de la violencia en los barrios es demasiado amplio y difícil de resolver”, dijo Rubens Ewald Filho, uno de los críticos de cine más importantes de Brasil. “Esta clase de cosas no es fácilmente vencida. Pero al menos el crimen tiene una cara”.
La historia, inspirada en hechos reales, relata la vida en un proyecto habitacional construído en los años 60 a las afueras de Rio de Janeiro, irónicamente nombrado Ciudad de Dios. Veinte años de políticas pandilleras, de drogas, de sicarios, y de niños criminales, son revelados a través de la lente de la cámara de Rocket, el protagonista.
Aunque no fue galardonada por una nominación a los Oscar, el mayor logro de Ciudad de Dios va más allá de su impacto cinematográfico. El film fue el escalón por el cual los jóvenes actores pudieron pasar a la sociedad “oficial”, dijo Lund.
“La película les abrió la mente a otro tipo de mundo, a un nivel social totalmente diferente”.
Para capturar la realidad de las favelas, Meirelles y Lund decidieron reclutar a actores novatos de los ba-rrios pobres de Rio.
Sin ninguna clase de experiencia actoral pero con crudas vivencias en estos tugurios, ellos fueron los perfectos candidatos.
Pero la principal preocupación de los realizadores era el destino de los actores luego de la filmación. “Nós do Cinema”, una pequeña escuela de teatro, fue la respuesta a estas inquietudes.
La escuela fue originalmente creada para capacitar a los actores durante el rodaje del film, pero se ha convertido en una organización sin fines de lucro. Los estudiantes produjeron dos cortometrajes, Ciudadano Silva — ganador de un galardón en un festival de cine brasileño, y Baño, que se presentan y discuten en escuelas más acaudaladas.
“Ellos controlan el presupuesto y toman sus propias decisiones”, dijo Lund con orgullo. “Ellos son sus propios agentes”.
Ciudad de Dios fue el pellizco que la clase media y alta necesitó para despertarse del sueño dorado y ver la oxidación de su país. Brasil posee una de las peores distribuciones de la riqueza en el mundo, en donde el 20 por ciento de la población recibe el 60 por ciento de las riquezas. Pero esto es sólo el extracto de un problema universal: la falta de justicia social.
“El problema que se ve en Ciudad de Dios no es sólo el resultado de la política brasileña, sino del mundo entero”, dijo Lund.
Éste es un mundo alimentado por estereotipos e ignorante de la realidad fuera de sus fronteras sociales — una realidad que no se puede ignorar más.
“Esto somos nosotros”, dijo Lund sin más. “Es parte de nuestro cuerpo”.



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