BUSCADOR


WWW
adelantesi.com

¿El sueño Americano? Soy musulmana, soy estadounidense — y soy una reportera

Retrato de by David Barreda, Sara Fajardo & Jessie Turner


reportera de Adelante

por Duaa Eldeib
reportera de Adelante
traducido por Julio César Urdaneta
Hace algunas semanas me encontraba frente a la Corte del Condado de Boone. Estaba allí para cubrir la primera marcha realizada en Columbia en apoyo a la guerra desde que iniciaron los desplazamientos para atacar a Irak.
Mientras luchaba para estacionar de modo paralelo mi auto, también luchaba para respirar. Me avergüenzo de admitirlo, pero estaba asustada.
Una camioneta con la bandera de los Estados Unidos ondeando en la ventana pasó frente a mí, y el recuerdo de otra camioneta y otra bandera de los Estados Unidos saltó a mi mente.
“Cabeza de toalla!”, había gritado el hombre de la camioneta desde su ventana.
“Disculpe”, respondí. “¿Qué acaba de decir?”.
Silencio. No creo que esperara que yo respondiera.
“Señor, si usted tiene un problema, podemos discutirlo de una manera civilizada. Por lo demás, por favor no sea ignorante”.
Unos segundos pasaron.
“¿Por qué no te ... a Osama?”.
Obviamente estaba más que agitada. Pero mientras me sentaba en el estacionamiento de la corte, me dije a mí misma que ese era sólo un hombre en una camioneta. Dándome cuenta que estaba alimentando un estereotipo, rápidamente deseché la ecuación en la que una camioneta más una bandera estadounidense equivalen a una persona intolerante.
En retrospectiva, pienso que todo fue un poco gracioso. Nunca pedí cubrir la guerra en Irak, sólo pasó. E incluso dudé cuando fui asignada a escribir una historia acerca de las políticas de la guerra. Recuerdo que estaba pensando que sin importar cuán objetiva era mi escritura, la gente oiría mi nombre y vería mi hijab y asumiría que yo no era objetiva.
Todo lo que tuve que hacer fue recordar la segunda historia que escribí para el Columbia Missourian. Era un foro acerca del conflicto palestino-israelí. Cuando entré en el lugar, una de las presentes me agradeció por asistir. “Soy una reportera, no una participante”, dije.
Ella me miró fijamente de arriba abajo y dijo, “Bueno, estoy segura que ya tiene su opinión sobre el asunto”.
Estaba furiosa. Regresé rápidamente a la redacción determinada a escribir la nota más objetiva jamás escrita en la historia del periodismo. Soy una reportera.
Dejando todos esos pensamientos atrás, me bajé de mi carro y caminé hacia la marcha, concentrada en mi trabajo del día.
Pero tan pronto caminé entre la gente, todos los ojos estaban sobre mí. Un hombre rompió a reír cuando me vio. Esa fue la gota que rebasó el vaso.
“Hola, señor. Mi nombre es Duaa Eldeib y soy una reportera del Columbia Missourian. ¿Puedo hacerle unas preguntas?”.
Pude sacar algunas palabras citables entre sus carcajadas. Él pensó que era jocoso que yo fuera una reportera musulmana.
El siguiente hombre que entrevisté fue uno escogido al azar. Su mirada era tan intensa que pensé que abriría un agujero en mi hijab, pero era demasiado tarde. Abrí mi boca para hacerle preguntas antes de que abriera mis ojos lo suficiente para leer su letrero: Bombardéenlos a todos con armas nucleares ”.
Cuando le pregunté acerca del letrero, el hombre, alto y fornido, dijo que eso era exactamente lo que él quería decir. “Bombardéenlos a cada uno de ellos con armas nucleares”, dijo. Y si yo quería, dijo en una voz amenazante, me podía llevar el letrero a casa porque “Deberíamos bombardearlos a todos ellos con armas nucleares ”.
Por vez primera temía por mi vida. Me apuré a terminar esa entrevista y empecé a entrevistar a los organizadores del evento, quienes sin excepción fueron extremadamente amables.
Después de empezar a trabajar como reportera este semestre, la batalla por ser vista por quien soy, y no por la religión que profeso o por la ropa que llevo, se magnificó. Esto fue para bien y para mal.
Caminando hacia la esquina de Providence y Broadway para cubrir una marcha por la paz, fui recibida con los brazos abiertos.
“Muchas gracias por venir”, dijo una de las participantes mientras me abrazaba. “Es muy agra-dable tenerte aquí. ¿Te gustaría que te diéramos un letrero?”.
Con una sonrisa ligera, le dije: “De hecho, soy una reportera”.
Sorprendida, me dio una media sonrisa y continuó con su protesta. Una parte de mí se sintió un poco mal, como si la hubiera decepcionado de alguna manera, pero yo sabía que no era así. Soy una reportera.
Algunos minutos después, tenía mi lápiz y papel en mano y estaba escribiendo rápidamente algunas notas cuando un hombre bajó la ventanilla de su auto y empezó a gritar su soliloquio.
“¿Qué estás haciendo aquí? Tú, (mala palabra que no puedo decir) idiota. ¿No sabes que vamos a bombardear ese (mala palabra que no puedo decir) país de donde tú viniste? Tú y tu gente se merecen lo que vendrá”.
Inmediatamente me recordé a mí misma: Soy una reportera, así que por más que quería decirle a este caballero que mi país es los Estados Unidos, que soy una ciudadana de los Estados Unidos y que básicamente acababa de decir que quería bombardear a los Estados Unidos, no podía hacerlo. He estado lidiando con este tipo de ignorancia mi vida entera, pero hoy soy una reportera. Si dejo que mis emociones se apoderen de mí, entonces cruzaría la línea de observador a participante. Por más que me partiera por dentro el hecho de que no podía defender a mi persona o a mi religión o a las elecciones que he hecho en mi vida, sabía que lo mejor sería si me lo tragara. Más que nunca no podía molestarme.
Pero no pude controlar las lágrimas que se formaron en mis ojos. Me volteé para que mi entrevistado no pudiera verlas. Dentro de mí deseaba que cuando ese hombre o cualquier otro me viera, la primera imagen que viniera a su mente no fuera la de Saddam Hussein u Osama Bin Laden, sino la de una estudiante universitaria sentada en una clase, una hija disfrutando un picnic en el parque, o una amiga ayudando a otra amiga a mudarse a un apartamento nuevo. Deseé que se diera cuenta que la hijab en mi cabeza no era una toalla como tampoco el hábito de una monja es un harapo. Más que cualquier cosa, deseaba que me mirara por quien yo soy y por lo que puedo aportar a este país, mi país.
Y fue allí cuando me decidí. No me pregunto qué suposiciones hará la gente acerca de mis escritos cuando me ve. Sé lo que puedo aportar a este mundo. Sé quien soy y sé en lo que creo. Soy una reportera.



bullet
bullet
bullet
bullet
bullet
bullet
bullet
IMÁGENES

LINKS


TOP OF PAGE © Adelante - Columbia Missourian Publishing - School of Journalism at the University of Missouri